
Contame un tango
Parece ser que una de las eternas discusiones es:
“Existe una diferencia entre los bailarines de tango
que entienden las letras y los que no?”
Muchas veces los extranjeros buscan que alguien les diga, que
les asegure que ‘no’, como una manera de afirmarse como bailarín.
Malena opina que sí existe una diferencia.
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Las letras del tango hay que haberlas vivido, hay que haberlas sufrido, hay que haberlas sentido. Las letras del tango nos llevan a los rincones de nuestra juventud, a los recuerdos de familia, a las historias del barrio, a la casa de los abuelos, a los personajes de nuestra ciudad, a los amores de los compositores. Las letras del tango nos recuerdan las costumbres perdidas, los lugares olvidados, los paisajes que han cambiado…
Cómo afirmar que comprender las letras del tango
no aporta una diferencia en la forma de bailar?
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Malena conoce el sabor de bailar un tango con un milonguero
que te cuenta ese tango con su cuerpo, con su respiración,
con sus pausas, con su abrazo, con su mirada.
Cómo contar con el cuerpo esta letra sin entenderla?
“Siempre pasa con el pucho sobrador a flor de labio
con la pinta medio shiome que deschava el arrabal.
Lleva el lengue hecho galleta, con el funyi arremangado
y se va ladeando todo con andar acompadrado
mientras pica la vereda con el taco militar.
La chamuya de los grilos, de cachimba y empiedrada
en la cara luce un feite que hoy es vieja cicatriz.
Se da dique que hace poco le fajaron la mancada
y fue culpa de una nami que de puro rechiflada
casi ortiba los aprontes que le daba en el bulín.…”
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Sólo el que entiende, comprenderá la diferencia.
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(Foto: Propiedad de Malena Tango)