“Es la linda de siempre, mi poética amiga,
blanca, suave, discreta, soñadora, cordial.
Si me ve que estoy triste me acaricia, me besa
y le enciende faroles a mi pobre arrabal…”
“Los estilos, las milongas, las cifras, los aires populares, los valses criollos sonaban en las guitarras de los payadores. Acompañados con su vihuela recorrían la campaña. Poblaban las soledades taciturnas de los paisanos; su música era esperada en los ranchos, en las estancias, donde se armaban “zarazas” a su llegada. Sus cantares también repetirían la palabra zaraza, picaneando bueyes y recordando amores:
“A la huella, huella, zaraza […] / Buey zaraza tus ojos tristones […]“.”
Los hermanos Virgilio y Homero Expósito tenían este apellido
ya que su padre, Manuel, vivió en el Hospital de Niños Expósitos
y tomó el nombre como propio?
“El Hospital de Niños Expósitos se fundó en 1779, fue el primer asilo para huérfanos. La casa estaba ubicada en Perú y Alsina, Monserrat, y llevaba este nombre pues albergaba a niños abandonados, ‘expuestos’ en las calles o en los umbrales de las iglesias.
En 1905 la Casa pasó a llamarse oficialmente Hospital de Niños Expósitos, nombre que cambió en 1920 por el de Casa Cuna. Desde 1961 se denomina Hospital Doctor Pedro de Elizalde, en reconocimiento a uno de sus directores más destacados.
El huérfano Benito Quinquela Martín
fue alojado también por la institución.”
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(Fuente: Las mil y una curiosidades de Buenos Aires, Diego M. Zigiotto)
(Cliquear sobre el título para escucharlo
por la orquesta de Rodolfo Biagi y la voz de Jorge Ortíz.)
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Blanca huella que, todos los dias,
clavado en el yugo, me ves picanear;
compañera del largo camino
las horas enteras te veo blanquear.
Mientras que, bajo el peso del trigo,
los ejes cansados los siento quejar,
yo, anudando mi pena a esa queja,
con cantos y silbos te sé acompañar.
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¡A la huella, huella, zaraza,
huella, huella, guay!
Volverá la ingrata a su casa
andará por áhi…
Que si yo la viera, zaraza,
la hablaré, velay…
¡A la huella, huella, zaraza,
huella, huella, guay!
.
Buey zaraza, tus ojos tristones
mirando la huella parecen buscar
el milagro de aquellos pasitos
que al irse la ingrata no supo dejar.
Compañero que, unido conmigo
a un mismo destino, tenemos que andar,
seguiremos rastreando la huella,
la misma gue siempre la vemos blanquear.
Bienvenido a este blog creado para compartir mi amor por Buenos Aires y por el Tango Argentino.
Ilustración: Aníbal Troilo por Hermenegildo Sábat
http://www.hermenegildosabat.com.ar/
Malena canta el tango como ninguna
y en cada verso pone su corazón.
A yuyo del suburbio su voz perfuma,
Malena tiene pena de bandoneón.
Letra: Homero Manzi - Música: Lucio Demare
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