Sep 18 2009
Contame una historia…
Contame una historia
Olga Besio nos cuenta “Una historia chiquita”
sobre sus hijos Ariadna y Federico Naveira
“Había una vez… una chica dando clase. De tango, claro. En otro sector del salón, su compañero también enseñaba. Todo parecía transcurrir con absoluta normalidad hasta que, sorpresivamente, estalló el tumulto: gritos, ruidos, exclamaciones, risas. A espaldas de la profe, no todo era tan tranquilo: dos pequeñas pulgas (una pulga y un ‘pulgo’) osaban participar de la clase. Poco después, con solemnidad digna del más serio profesionalismo, se autoproclamaban ‘Pareja de Baile’. Él tenía cuatro años; ella, tres. A partir de ese momento, la vida ‘artística’ y ‘milonguera’ de estos pequeños personajes tuvo dos facetas claramente definidas.
Una de estas facetas tiene que ver con el camino que ellos por sí mismos comenzaron a recorrer, pleno de ‘logros’, anécdotas y emociones que podrían dar lugar a contar mil y una historias, algunas tiernas o graciosísimas, y otras que plantean enseñanzas ejemplares; historias que siempre dejan a la vista el carácter y la personalidad de cada uno de sus protagonistas.
Buen ejemplo de ello es lo que ocurrió en un conocido teatro de Buenos Aires durante un ensayo para un espectáculo en el cual participarían además varios bailarines adultos, entre ellos la inolvidable Carmencita Calderón (que esa tarde no había concurrido):
Mientras los presentes se ocupaban cada uno de sus cosas (cosas de adultos, claro), los pequeños salvajes observaban el escenario vacío. De repente se miraron y se dijeron: ‘-¡Vamos!’. Y se subieron ¡a ensayar! Ellos mismos pusieron el cassette (¡qué antigüedad!) y comenzaron su trabajo. Pero, claro… después de un rato de ensayar tranquilos, y sin que los demás les prestaran atención, se pelearon. Él gritaba: ‘¡Vos no me seguís!’. Ella vociferaba: ‘¡Vos no me llevás!’. Ella se bajó del escenario ofendidísima. Él se quedó arriba haciendo gestos, como diciendo: ‘¿Vieron esto? ¡Qué barbaridad!’, hasta que también se bajó ofendido.
En su pequeño sector, la tensión quemaba el aire. Mientras, los demás seguían inmersos en sus ‘cosas de grandes’; cosas de adultos como por ejemplo tomar mate. Después de unos momentos, ella lo miró y le dijo: ‘Mejor nos peleamos después. Esto es un ensayo, sigamos ensayando’. Él le contestó: ‘Tenés razón’. Y volvieron a subir al escenario.
Fue ése el momento en que tuve la certeza: lo que Federico y Ariadna me habían dicho tan solemnemente era verdad, y merecían ser considerados realmente ‘Pareja de Baile’.
Y Colorín Colorado, esta historia no termina acá. Colorín Colorado, esta historia jamás habrá terminado, porque sus protagonistas son los legítimos dueños de la libertad de ser felices transitando su vida.
Además, falta el otro aspecto. ¿Qué debía hacer yo, como madre y como docente, con esta ‘pareja de baile’? O sea, el lado ‘serio’ de la situación. La respuesta es simple, pero rotunda: CUIDARLOS. ¿De qué? De todo tipo de ‘seudo-enseñanzas’. Simplemente, permitirles ser y disfrutar. El paso siguiente fue generar un ámbito propicio para llevar a cabo el adecuado camino de aprendizaje y enseñanza que ya se presentaba como ineludible. Ese ámbito fue el grupo ‘Tango con Niños’. Y esto da para contar muchas historias más…”.
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.(Una de las notas más hermosas que me ha tocado publicar…)
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(Texto: Colaboración de Olga Besio)
(Foto de Olga Besio: Cortesía de 2xtango)
(Fotos de Ariadna y Federico: Cortesía de Olga Besio)


