
Rodolfo Mederos
Extractos de una entrevista
“Rodolfo Mederos lamentó que el tango sea ya “una lengua muerta”, lo que le obliga a sentirse “un arqueólogo buscando viejos esqueletos que están fosilizándose”.
En un estudio de grabación repleto de instrumentos y partituras esparcidas entre las butacas, la figura alta y desgarbada de Mederos se agarra con fuerza a su bandoneón, como si fuera la única llave para reencontrarse con el tango, esa amante pasional con la que ha envejecido y a la que ha visto envejecer…
“Es una relación absolutamente visceral. El tango yo no sé si es música, ni me lo planteo. El tango es como vivir, son los olores, los sabores, la ira, el odio, el amor, las conquistas, las derrotas, el trabajo de todos los días, el perro echado ahí, los hijos jugando, los amigos, la mujer. El tango es como una manera de ser y, además, es música“…
“Muchas veces se me pregunta -prosiguió- cómo llega uno a tocar como toca. La verdad es que no lo sé, es inútil plantearse eso. ¿Cómo siente uno lo que siente? Es como preguntarle a alguien que ama a una mujer por qué la ama. ¿Por sus ojos, su cuerpo, su manera de hablar? El amor no discrimina sobre aspectos puntuales”.
Sin embargo, los años no han pasado en balde para su amado tango, que si bien en el pasado “fue la manifestación de un pueblo, hoy es el de una oficina de márketing, un producto para el turismo, una caricatura de lo que fue”, lamentó Mederos, para el que la música es una “religión”, cuyo “dios es el bandoneón”.
“Me siento como un arqueólogo, buscando en ese pasado aquellos esqueletos que están fosilizándose, de ese tango que yo creo que fue verdaderamente lo más auténtico que supimos hacer, pero que fue atomizándose y quedó en una especie de recuerdo, (…) cuya existencia es dudosa. Es duro y me entristece, pero mi vida la consumiré haciendo esto”…
“El futuro del tango es como el del ser humano, que si no comprende que no está en la dirección acertada y no gira su brújula hacia otras direcciones, terminará con la desaparición de las culturas regionales. La globalización trae esto, ya nada es de ningún lugar. Las músicas se banalizan y se McDonalizan”.
Considerado como un rupturista en su juventud, admitió que las vanguardias “estériles” no le entusiasman, pero sí apostó por “dar una energía diferente sin dañar la autenticidad, porque parece que la vanguardia deba ser destrozar una melodía antigua y convertirla en un producto para pocos, cargado de excentricidades”.
Así, criticó que las nuevas tendencias intenten imponer una “cosmética inútil”, en lugar de “recuperar esa vieja piel que sigue siendo fresca, algo que en todo caso sí es un acto vanguardista”.
“Lo mejor que puedo dejar a mis hijos son raíces y alas -dijo citando a Unamuno-. El hijo tiene que sentirse de un lugar, sino terminará siendo un paria. Si tiene raíces, entonces podrá volar. La vanguardia es el pasado, no como refugio melancólico, sino para proyectarlo“.“
Leer el artículo
.
(Fuente: Diario Finanzas)